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La Justicia Transicional el ejemplo de España, por Leocenis García
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Cuando Delsa Solórzano en los cabildos, empezó a defender ese disparate de la ley de amnistía y atacar el proyecto de ley de Justicia Transicional que Prociudadanos había entregado al Presidente de la Asamblea Nacional, yo sabia que esto sólo iba a lograr el retraso en que la FANB, especialmente sus generales se sumarán al cambio. La ley de amnistía, que está próxima a morir sin haber sido siquiera sancionada, tiene como problema que debe enmarcarse dentro de la constitución, lo cual la limita y la hace un mar de contradicciones. Escuchar decir que no se puede perdonar tales o cuales delitos, porque eso lo dice la constitución, solo demuestra la enorme ignorancia de los impulsores de la amnistía. Esa ley lejos de ser amplia, es muy básica. Si lo que se procura es un cambio real, y no lanzar un queso para engañar ratones, lo que el pais necesita en una ley de Justicia Transicional. Aunque debo señalar que la Ley de Justicia Transicional no solo depende de promulgarla sino de los voceros o impulsores que deben generar confianza del lado militar. No sé si aún se puede. La ley de amnistía está -o debe siempre- estar enmarcada dentro de la justicia ordinaria. Mientras que la Ley de Justicia Transicional sacrifica la justicia ordinaria en aras de la Transición. Es una suerte de pacto que sacrifica ciertas formalidades constitucionales, para que tanto quienes aspiran el poder como los representantes de la dictadura, cedan en pro de la transición democrática. Por ello la justicia transicional se refiere a aquellos procesos de transición de una dictadura a una democracia o de un conflicto armado a la paz, en los que es necesario equilibrar las exigencias jurídicas (garantía de los derechos de las víctimas a la verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición) y las exigencias políticas (la necesidad de paz) que requieren dichas transiciones. Y claro siempre la justicia transicional es una medida pragmática para acabar la dictadura. No es una medida romántica ni legal. Por el contrario es una medida chocante e incómoda. Pero inteligente. Necesaria. Uno puede también pensar que muchísimos crímenes de Estado quedan impunes, y eso incluye los de los militares. Hay ejemplos de eso: Los crímenes del social-demócrata francés Guy Mollet auspiciando la guerra colonialista de Argelia hace sesenta años o los del gobierno español socialdemócrata de Felipe González auspiciando los crímenes de los GAL hace treinta años por no hablar, en la memoria más reciente, de los crímenes de los dirigentes de Estados Unidos y otras potencias occidentales y “democráticas” (y del socialista Tony Blair) en la guerra de Irak de 2003. Puede parecer pues, que la Justicia Transicional, cuando se aplica, es meramente un llamado a la impunidad general de los estados dictatoriales pero también los “democráticos”. Así es ciertamente, pero el concepto es útil, en mi opinión, para entender la Transiciones exitosas como las de Chile post Pinochet o la de España después de la ley de 1977 que todo el mundo critica – desde la ONU hasta Amnistía Internacional- pero que permitió que la mano derecha de Franco terminara no solo apoyando la transición sino colaborando directamente con ella al convertirse en el vicepresidente de Adolfo Suarez, el primer presidente de la democracia. El término Justicia Transicional se difunde a partir de 1990 con el cambio de régimen en Sudáfrica, y la generosidad de Nelson Mandela, Desmond Tutu y sus compañeros al renunciar a enviar a la cárcel a sus per- seguidores, torturadores y asesinos, pero exigiendo a cambio una Comisión de la Verdad donde se explicó qué había pasado, con detalles. Hubo también una Comisión de la Verdad en Perú tras la caída y encarcelamiento de los jefes de Sendero Luminoso en 1992 que concluyó que la mayor parte de las 60 000 víctimas de la guerra habían sido campesinos pobres que no estaban con ninguno de los bandos, y que también el Ejército y la Marina cometieron muchos crímenes. Eso, más algunos juicios limpió un poco el aire. Nosotros entregamos una ley polémica, pero necesaria. Tengo claro que los militares me creerían más a mi que he defendido eso hasta con la sangre, que a otro. Pero ni soy presidente de la Asamblea Nacional ni soy diputado. Confío en que el Presidente del parlamento , JUAN Guaido , tomará la decisión valiente de desempolvarla. No aspiro que sea toda, pero ojalá sopese que entre más amplia sea la ley o decreto, más poder le estará quitando a Maduro y su régimen del terror. Maduro solo tiene el miedo de cuatro generales. Del resto esta tan solo como jardinero buscando trabajo en las Piramides de Ejipto. Leocenis Garcia / Nota de Prensa Alberto News

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