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‘Creada por Luis Armando Castillo: "El asombro" danza entre el humor y la manipulación’
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Luis Armando “Yayo” Castillo marca un nuevo retorno al trabajo dancístico en Venezuela. A partir de este fin de semana se estará presentando su obra coreográfica “El asombro”, en los talleres de realización del Teatro Teresa Carreño en una producción de la Fundación Compañía Nacional de Danza.

La obra cuenta con un guion escrito por el propio coreógrafo junto a Diego López, que originalmente se llamó “El asombro del pájaro”, y se llevó a escena, por primera vez en 1995, con Rajatabla Danza. En esta oportunidad, ganó el Premio Municipal de Danza a la mejor coreografía de ese mismo año. Luego fue remontada en 2003 con la compañía Lapuesta, momento en el que la obra mantuvo su planteamiento pero cambió la forma coreográfica y acortó su nombre.

En las dos primeras ocasiones, Yayo Castillo era el personaje central y dirigía el montaje. En esta oportunidad solo está dirigiendo y asegura que ha sido un poco complejo porque ha significado entregar el trabajo personal de muchos años a un talento de relevo, Armando Díaz, de quien aprecia la creatividad y entrega.

“Esta obra no está creada bajo los parámetros de la danza contemporánea ortodoxa, es un trabajo de teatro físico. Los bailarines son intérpretes dentro de un marco escénico, aún cuando no tengan parlamentos. Es un género que me interesó siempre porque no me gusta la abstracción, aunque respeto el trabajo de todos. A mí me interesa comunicar ideas y sobre todo a través del humor. Esta versión es la que ofrece mayor uso de este recurso”, aseguró el coreógrafo sobre el espectáculo que tendrá funciones los días 11,12, 18 y 19 de agosto.

A “Yayo” Castillo, creador de “El asombro” le interesan las posibilidades musicales del cuerpo

“La obra tiene un trasfondo importante”, continuó. “No todo es jiji…jaja… Ya que presenta a un mago de poca monta ejerciendo sus dotes gran manipulador, más allá de los trucos básicos y bastante malos que realiza. Ya esa primera condición lo hace gracioso, risible, pero en el fondo de la propuesta es jugar con la manipulación también, porque yo juego a hacerte creer que crees lo que está pasando. Esa es la magia del teatro, que asumimos toda la mentira como verdad y luego reflexionamos sobre eso. Ese es mi trabajo en esta pieza que ahora tiene muchos más elementos de humor, como dije antes, ya que es un vehículo maravilloso, que me interesa para decir cosas”.

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Y, ¿qué viene después de esto? El autor no lo sabe. Por ahora está centrado en el trabajo que el público podrá apreciar durante dos fines de semana consecutivos y luego seguirá en su camino de búsqueda creativa, ya que además de crear, tocar percusión y algunos otros instrumentos, también le gusta pintar. Y aunque no se considera ni músico, ni artista plástico, se divierte haciendo cuadros y tocando en alguna improvisación, y eventualmente ha recibido algo de ingresos expresándose en ambos formatos. Su búsqueda en estos momentos está enfocada en ser un mejor ser humano. Mantiene el encanto de siempre y su disposición a colaborar, participar o liderar todo aquello que le presente una oferta en el camino.

El bailarín y coreógrafo recuerda con afecto los años en los que se formó bajo una gran disciplina

Formado con mucha disciplina

En el año 1982, Luis Armando “Yayo” Castillo comenzó a formarse en los estudios del Taller de Danza de Caracas, bajo la guía de José Ledezma, y con su extraordinaria flexibilidad, carisma y corpulencia se destacó dentro del cuerpo de baile profesional. Recuerda con mucha modestia su participación en la película Oriana de Fina Torres, grabada en 1985. Tenía cuatro o cinco escenas, que bastaron para dejar su imagen grabada en el imaginario de quienes hicieron de este un film de culto.

De allí pasó al Ballet Nuevo Mundo liderado por Zhandra Rodríguez. “Comencé siendo un piojito dentro de la agrupación pero llegué a ser bailarín principal de la compañía”, destacó. Luego estuvo varios años experimentando con las hermanas Urdaneta en Danzahoy, y posteriormente tomó la decisión seguir aprendiendo en una de las ciudades cuna de la danza moderna, Nueva York. Antes de irse, había hecho un par de creaciones en Caracas. Y fue cuando regresó a mediados de los años 90, cuando fundó Rajatabla Danza, junto a la recordada Andreína Womutt, con quien vivió grandes aventuras artísticas dentro de ese movimiento cultural de gran florecimiento.

-¿Qué es lo que más recuerda de esos años de crecimiento y formación?

-Siempre estuve interesado en aprender y crecer con todos los artistas y los grandes maestros con los que tuve la oportunidad de trabajar. Recuerdo que fue una época de mucho trabajo, de sesiones intensas y de mucha generación de ideas. Yo llevaba mi compañía, pero creaba también para compañías internacionales y para el ballet Nuevo Mundo hice cuatro piezas coreográficas, que aún hoy están en su repertorio. En esa época había críticos de danza, profesionales que iban a ver nuestros espectáculos y luego escribían sobre ellos. Nos ayudaron a crecer y a mejorarnos.

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Castillo se mueve en el Teresa Carreño como quien conoce su casa desde hace 20 años

-¿Qué pasó con todo ese movimiento artístico tan prolífico?

-La realidad cambió. Las circunstancias son otras. Muchos decidieron irse a buscar suerte en otros países y el movimiento quedó en manos de otros. Mi hermano se fue a Alemania y se integró al cuerpo de baile de la compañía DV8, y se quedó. Ahora vive en Berlín. Yo estuve algunas veces en Europa pero nunca con la intención de quedarme. Me fue mucho más fácil trabajar en Nueva York, aunque tampoco me lo planteé para vivir. Gracias a mi carrera he viajado mucho, pero a mí me gusta mi país. También tuve la oportunidad de crear el proyecto llamado Primate, percusión teatral, que junto con mi primo Leo me absorbió. Durante ocho años me alejé de la danza. Era un trabajo a tiempo completo, porque todos los que formamos parte de esa agrupación aprendimos a tocar, cantar y bailar. Nos llevó dos años crear un espectáculo con el que hicimos más funciones afuera que en Venezuela. Al terminar ese proyecto hice algunas creaciones independientes de tríos y unipersonales.

-¿Cómo ve hoy la danza en Venezuela? ¿Qué extraña de esa época en la usted se formó?

-Yo no quiero hablar mal de nadie. La gente sigue trabajando, cada quien según sus intereses. En mi época no había institutos dedicados a la Danza y mucho menos soñábamos con la Universidad que existe ahora. Sé que los bailarines de mi generación nos formados con mucha disciplina y respeto hacia las generaciones que abrieron el camino para nosotros. Creo que las cosas han cambiado ahora. No quiero ser peyorativo ante nada, pero simplemente la realidad de la danza es Venezuela ha cambiado.

-¿Qué le interesa hacer ahora, después de este proyecto?

–No lo sé. El mercado está muy reducido. Pero yo no me voy a quedar sentado. Sigo curioso y con muchas ganas de seguir creando.

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