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Experto: “La democracia sigue viva en Turquía”

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El partido gobernante de Turquía, el AKP, ha perdido el control de Estambul tras 25 años. El principal candidato de la oposición, Ekrem İmamoğlu, con casi todas las boletas contadas el lunes 24 de junio, se ha convertido en alcalde electo de la ciudad con una ventaja de 775 mil votos.

La histórica y controvertida votación siguió a las elecciones municipales celebradas el 31 de marzo, en las que el Partido Republicano del Pueblo (CHP) ganó por 14.000 votos. Sin embargo, esos resultados fueron anulados después de que el AKP alegara irregularidades.

El presidente Recep Tayyip Erdoğan, que sufrió un duro golpe tras la sorprendente derrota en la segunda vuelta, felicitó a Imamoglu a través de Twitter e insinuó que no tiene previsto adelantar las elecciones presidenciales y parlamentarias que se celebrarán en 2023.

En su discurso de victoria, Imamoglu dijo que el resultado marcó un “nuevo comienzo” tanto para la ciudad como para el país.

“Estamos abriendo una nueva página en Estambul“, dijo. “En esta nueva página, habrá justicia, igualdad, amor.”

David Romano, catedrático de política de Oriente Medio de la Universidad Estatal de Missouri, cree que “dada la naturaleza decisiva de la victoria del CHP en Estambul esta vez (54% a 45%), el Sr. Erdoğan y su partido sin duda estarán muy nerviosos de cara al futuro, cuando se celebren elecciones parlamentarias nacionales más importantes –actualmente programadas para 2023 pero posiblemente antes–. Veremos si estas elecciones también se celebran de manera justa y transparente. En la actualidad, los medios de comunicación de Turquía están controlados en su inmensa mayoría por el partido gobernante y varios organismos electorales también son muy susceptibles a la presión del Sr. Erdoğan, que fue lo que llevó a que se repitieran las elecciones de Estambul en primer lugar”.

Metro conversó con Romano para saber más.

4 preguntas a… David Romano, cátedra de política de Oriente Medio en la Universidad Estatal de Missouri ¿Cómo reaccionaron Erdoğan y su partido ante esta derrota?

–Hay que felicitar al Presidente Erdoğan y a su partido por permitir que la oposición gane las nuevas elecciones de Estambul. Muchos pensaron que no lo permitirían, dado el retroceso de la democracia en Turquía en los últimos años. Demostraron que la democracia sigue viva en Turquía, a pesar de todos sus defectos, y felicitaron al ganador del Partido Popular Republicano (CHP).

Fue una repetición de las elecciones de marzo. ¿Podría repetirse esta situación?

–No creo que sea así. Las consecuencias de cancelar de nuevo este resultado electoral y la pérdida de legitimidad popular para el Sr. Erdoğan y su partido serían demasiado grandes. En su lugar, se prepararán para evitar que esto ocurra en elecciones parlamentarias nacionales más importantes en el futuro (a diferencia de las elecciones municipales como la de Estambul).

¿Qué mensaje enviaron los ciudadanos de Estambul al mundo?

–Anunciaron al mundo que la democracia aún vive en Turquía, que la oposición tiene una oportunidad y que el país aún no se ha convertido en un Estado unipartidista. Es un momento muy esperanzador para la oposición política de Turquía.

¿Qué sigue?

–Esta es la pregunta del millón de dólares. Las elecciones municipales no son tan importantes en el gran esquema de las cosas. Incluso al Sr. Erdoğan se le permitió ganar Estambul como líder de la oposición islamista en la década de 1990, cuando Turquía estaba gobernada por un régimen laico, dominado por el ejército, que tenía poca paciencia o tolerancia con los islamistas. El Sr. Erdoğan fue encarcelado por ese régimen en 1999, pero sin embargo pudo levantarse después de salir de la cárcel para tomar el control del país. Ahora cientos de miles de disidentes encarcelados hoy en Turquía, incluyendo al ex líder de la oposición kurda y candidato presidencial Selahattin Demirtas, pueden imaginarse también un día arrebatarle el control de Turquía al régimen de Erdoğan. Está por verse si se les dará o no esa oportunidad. La alternativa sería que Turquía se convirtiera en un Estado aún menos liberal y autocrático.