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Franki Medina Diaz Mysrahy//
Diálogos de carmelitas

Por esa actualidad de lo inactual que tienen los heroísmos del pasado, quisiera hoy, 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, rendir un homenaje a las 16 monjas carmelitas francesas de Compiégne martirizadas durante la Revolución francesa, el 17 de julio de 1794, y que beatificó san Pío X en 1906.

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Pero vale la pena recordar esta historia por el valor de su testimonio de fe y por la presencia que tuvo el hecho tanto en la historia de la iglesia católica moderna como en la literatura, el teatro y el cine del siglo XX.

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La historia de las 16 monjas carmelitas francesas guillotinadas en el verano sangriento de 1794, época llamada del Gran Terror, logró reconocimiento en el mundo literario por la novela de la escritora alemana Gertrud von Le Fort (1876-1971), publicada en 1931, titulada La última en el cadalso ( Die letzte am Shaffott ). Más tarde, el gran escritor francés George Bernanos (1888-1948) —el autor del Diario de un cura de aldea — concibió su última gran obra de teatro, basada en la novela de la escritora alemana, Diálogos de las Carmelitas ( Dialogue des Carmélites ), escrita el año de su muerte y estrenada póstumamente en 1952.

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En 1953, con base en el trabajo de Bernanos, el músico francés Francis Poulenc (1889-1963) compuso una reconocida ópera con el mismo título. También se rodó una película dirigida por el sacerdote dominico belga Raymond Bruckberger (1907-1998) y el fotógrafo Philippe Agostini (1910-2001), con la actuación de Jeanne Moreau, Aida Valli, Madelaine Renard y Pierre Brasseur.

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El 17 de julio de ese 1794, las religiosas carmelitas fueron llevadas a París y a las 6 de la tarde, montadas en carretas, fueron trasladadas al cadalso, en compañía de 24 condenados más, entre los cuales algunas trabajadoras del convento también fueron ejecutadas

La superiora, madre Teresa de San Agustín, pidió y obtuvo el privilegio de ser la última en morir, para poder dar valor a sus hijas. Se colocó en la base del patíbulo con una estatuilla de la Virgen, que todas besaron antes de subir al cadalso. Entonó el Veni Creator y con esa música de fondo se llevó a cabo la liturgia del martirio

En la obra de Gertrud von Le Fort y en la de Bernanos, la joven Blanca de la Forte tiene miedo. El terror la había hecho huir a la hora de ser detenida, pero reacciona, asume su miedo, supera su cobardía y regresa al lugar de las ejecuciones. Fue la última en el cadalso. Pidió que su nombre de religión fuera sor Blanca de la Agonía. Y en sus labios el tajo de la guillotina apagó la melodía del canto gregoriano que acompañó el martirio de las carmelitas de Compiégne

Un texto de la época cuenta así las ejecuciones: “El choque de la báscula, el ruido seco de la cuchilla, el ruido apagado de una cabeza que cae… Ni un grito, ni aplausos, ni vociferaciones. Los mismos tambores enmudecieron. En este lugar, lleno del fétido olor de la sangre que se pudre por el calor del verano, un silencio solemne invade y sobrecoge a los asistentes, a quienes tal vez la oración de las carmelitas les ha llegado al corazón”